miércoles, 3 de septiembre de 2008

Las Guerras Cántabras / 3


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Los cántabros

Fueron el más numeroso de los pueblos que los romanos llamaban "montañeses", ya que en aquellos tiempos ocupaban las actuales Cantabria, Asturias y parte de Galicia. Estaban compuestos por una veintena de tribus, como plentusios, coniscos, vérdulos, caristos, autrigones, aurinos, plentauros, orgenomescos, vadinienses, aunigainos…

Los cántabros, al modo de los bandoleros lusitanos, todos los veranos constituían una plaga que cruzaba las montañas para robar cuanto hubiese a mano. Pero además de ladrones tenían fama de buenos guerreros y cuando la ocasión lo requería se alistaban como mercenarios sin importar el enemigo con el que tuvieran que enfrentarse, incluso más allá de los Pirineos.

Los cántabros tuvieron bastante notoriedad en el mundo clásico, a juzgar por las 150 referencias que existen en textos griegos y romanos. Además de la enconada resistencia que ofrecieron a los romanos, fueron buenos mercenarios y legionarios que llegaron a lejanos lugares, tal como reflejan bronces y aras votivas encontrados en el área del Danubio.

Las hostilidades entre romanos y aquellos pueblos montañeses se desarrollaron violentamente durante años, hasta que Augusto, al mando de siete legiones, se personó en Hispania. Tras conseguir un pacto con los astures que le aseguraba cierta tranquilidad en la retaguardia, el emperador romano dirigió toda su maquinaria de guerra hacia las montañas del norte, al mismo tiempo que una flota completaba el ataque desde el mar.

Hubo enfrentamientos encarnizados y terribles escenas, como la de aquellos cántabros que murieron de hambre en el monte Vindio o los refugiados en el monte Medullio que, ante la inminente llegada de un desproporcionado contingente romano y tras celebrar un banquete, prefirieron darse muerte ellos mismos bebiendo un veneno hecho con la raíz del tejo. Este árbol es altamente tóxico y relacionado con leyendas siniestras. Se decía que sus raíces crecían hasta introducirse en la boca de los muertos. En algunos lugares, como símbolo de renacimiento, colocaban sus hojas sobre las tumbas.

fragmentos del libro BREVE HISTORIA DE LOS CELTAS
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