viernes, 22 de enero de 2010

Arthurian Britain / Flickr

 Mister Oy - Flickr
Merlin's Well on Alderley Edge, Cheshire, England.

 The words carved into the rock below Merlin's face say...

Drink of this and take thy fill

For the water falls by the Wizard's will.

Fotos de varios autores del grupo de Flickr "Arthurian Britain"
(ver a pantalla completa)

Música de Diane & David Arkenstone




lunes, 18 de enero de 2010

Dublineses, de James Joyce



‘Dublineses’, de James Joyce

El País. “La cultura”, sábado 30/11/02

Presentar al lector a James Joyce plantea un problema de educación: es, en realidad, una grosería. Considerado como uno de los escritores más importantes e influyentes del siglo XX, si no el más, los elogios y alabanzas que despierta su obra, sobre todo Ulises (1922), convierten los ditirambos en definiciones objetivas. Su primer libro publicado, Música de cámara (1907), contiene 36 poemas de amor; el segundo, Dublineses (1914), es un conjunto de 15 relatos en el que recrea recuerdos de infancia y adolescencia, escenas familiares y de la vida pública de su ciudad natal, y en el que se incluye una de las joyas más brillantes de la cuentística contemporánea, Los muertos, libro que podrá adquirir mañana el lector de EL PAÍS por tres euros. Escritos en Triste (Italia), primera etapa estable de un voluntario exilio -París y Zúrich completarían los lugares esenciales de su errabunda vida-, y en compañía del gran amor de su vida, Nora Barnacle, Dublineses, y sobre todo el ya citado Los muertos, es uno de los más hermosos testimonios de amor a un país ya una mujer. Adaptado magistralmente por un octogenario y agónico John Huston en 1987 (moriría antes del estreno del filme), estos relatos nos muestran ya un maestro de la narrativa al que le faltaban dos años para publicar su primera novela, Retrato de un artista adolescente (1916), y algunos más para alcanzar el olimpo literario con Ulises. El valor y la grandeza de su obra bordea lo épico ante las incomprensiones, censuras y penurias económicas que le acompañaron durante toda su vida.




Viñetas de la novela gráfica “El Dublinés”, del asturiano Alfonso Zapico

De la celebración y la muerte

GUILLERMO CABRERA INFANTE

La mayor parte de los cuentos de este libro la escribió James Joyce (Dublín, 1882-Zúrich, 1941) en su exilio de Trieste alrededor de 1905. La importancia que da Joyce al cuento como género literario aparece evidente cuando se dice que Ulises fue primero un cuento. Dubliners es su primer libro de ficción. Antes había publicado un libro de poemas, Música de cámara. Este Dublineses (1941) precede al auto biográfico Retrato del artista adolescente, y en ambos Joyce describe lo que él llama “la parálisis de la vida irlandesa”. Tanto que Portrait of the artist as a young man pudiera llamarse Retrato del autista adolescente. Joyce mismo da una interpretación cabal de su libro de cuentos:

“Mi intención fue la de escribir un capitulo de la historia moral de mi país, y escogí Dublin para su escenario porque la ciudad me parecía el centro de la parálisis”.

La colección consta de 15 cuentos y Joyce la enumera como dividida en “cuatro aspectos: níñez, adolescencia, madurez y vida pública”, y declara “haberlos escrito en ese orden … en un estilo de ecrupulosa parsimonia”. En el primer cuento aparece la niñez, que se encuentra con la muerte de un cura poco apreciado. La niñez termina con un encuentro de dos colegiales furtivos con un pederasta más tímido que temido. En Después de la carreraconsigue el conjuro de la velocidad, mientras que Dos galanes presenta al lumpen dublinés como una pareja de cómicos de la legua. Efemérides en el comité está presidido por la figura de Parnell, el héroe epónimo de la política nacionalista irlandesa y un fantasma que recorre Irlanda. Pero es en Los muertos donde Joyce muestra y demuestra su poderío narrativo en un cuento que es casi una novella. Presidido por la celebración y luego la muerte, es un cuento que podríamos llamar romántico, en un final lleno de dolor y de una sabia apelación a los sentimientos. Llevado al cine recientemente (y brillantemente por John Houston en su última película) The Dead hace del luto activo por el recuerdo de la novia, mientras que el novio ve caer la nieve sobre los vivos y los muertos.

Los cuentos están influidos por la estética naturalista, es decir, más cerca de Zola que de Flaubert. Pero la gran influencia, además del leve dejo de Chéjov, es la de Maupassant. Joyce, que en Ulises produjo la obra maestra de las obras maestras modernistas, en Dubliners no cultiva la paronomasia ni las parodias de su gran novela. Hay que aclarar que el modernismo es una estética acogida con pasión por los escritores anglosajones y no tiene nada que ver con el modernismo que produjo a un José Martí o un Rubén Darlo y que tiene su expresión plástica mayor en la arquitectura de Gaudí.

Pero en Dubliners (que he traducido por Dublineses y no Dublinenses, porque igual se llama berlineses a los nativos de Berlín) está su gran cuento Los muertos, una de las cumbres de la cuentística en inglés. La traducción evita la posible comicidad de la frase “el muerto”, ya que en inglés los muertos y el muerto son la misma palabra. El cuento Los muertos está definido por el sentido de la muerte católica de los irlandeses.

Ahora que se habla de posibles traducciones, tengo que decir que todo el original de Joyce está informado y formado por la desfachatez irlandesa tanto como la traducción recurre con abundancia a los cubanismos y al habla de los habaneros, ambos dialectos usan y abusan de la falta de respeto con todo y para todos, la constante burla y la parodia creativa. Es así que se puede leer Efemérides en el comité como una veraz presencia (o presidencia) de la chacota en el duro oficio diario de la política y las preocupaciones inmediatas de los “sargentos políticos” con las conmemoraciones oficiales. El mismo término “sargento político” equivale a la visión de John Ford en una de sus películas menos favorecidas por la crítica, El último hurra. Que es lo que es este cuento, en que lo folclórico. es un elemento de la concepción del mundo que tienen irlandeses—y cubanos ante un idioma imperial. Odi et amo.

El gran experimentador. James Joyce era el mayor de los lO hijos de la familia de John Joyce que sobrevivieron a la infancia. Nació en Dublin en 1882, ya los seis años fue internado en el colegio Clongowes Wood, conocido comó “el Eton de Irlanda”, pero tuvo que abandonarlo tres años después porque su padre, un hombre apático y aficionado a la bebida, había terminado de hundir a su familia en la pobreza. Durante los dos siguientes estudió en casa hasta que obtuvo una beca en el Belvedere, un colegio regentado por jesuitas del que salió sin el mínimo asomo de fe católica. En la universidad estudió lenguas, leyó mucho y se negó a participar con sus compañeros en las revueltas nacionalistas. Tras graduarse en 1902, trabajó como periodista y maestro en París para volver a Dublín al año siguiente, donde conoció a Nora Barnacle, su mujer. Juntos se instalaron en Zúrich y luego en Trieste, donde Joyce se ganó la vida dando clases de inglés. En 1907 publicó en Londres su primer libro, un poemario titulado Música de cámara. En 1912 regresó a Irlanda con la intención de publicar un libro de relatos, Dublineses. Lo editó dos años más tarde.

Éxito. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Joyce, su mujer y sus dos hijos vuelven a Zúrich, la ciudad donde también se han refugiado Lenin y Tristan Tzara. Pasan por apuros económicos, pero el escritor comienza a ganar reputación como un prometedor escritor de vanguardia tras la publicación de la novela autobiográfica Retrato del artista adolescente, que aparece primero en la revista The Egoist en 1914 y luego como libro dos años después.

La familia se instala en París en 1920. Allí Joyre encuentra el tiempo necesario para terminar de escribir su novela más ambiciosa, Ulises, que aparece publicada en Francia en 1922. La censura impidió que la novela se publicara en Gran Bretaña y Estados Unidos hasta 1933. Al año siguiente, el escritor comienza Finnegans Wake, mientras se le manifiestan los primeros síntomas de un glaucoma. La primera parte de esta novela aparece en Transatlantic Review, la revista de Ford Madox Ford, en 1924. Los siguientes 14 años de la vida de Joyce estarán consagrados a esta novela, para la que el escritor crea un lenguaje, una especie de koiné, integrada por elementos de unas sesenta lenguas. El libro se publica finalmente a principios de 1939. Tras la invasión de Francia por las tropas de Hitler, Joyce regresa a Zúrich, donde morirá el 13 de enero de 1941 prácticamente ciego y decepcionado por la acogida que ha recibido Finnegans Wake/ A. PADILLA

La odisea de 15 relatos. En 1904, George Russell ofreció a James Joyce una libra esterlina por cada cuento que el escritor le enviara para publicar en su gaceta The lrish Homestead; una revista de agricultores. Así nacieron Las hermanas, Eveline y Después de la carrera, que Joyce firmó con el seudónimo de Stephen Dedalus, nombre de uno de los personajes de Ulises. Después de estos tres primeros envios, el editor decidió que los relatos no eran los adecuados para sus lectores. Joyce siguió escribiendo el resto de los cuentos en Trieste y, tras una dura experiencia de ocho meses trabajando en un banco de Roma, ideó el último de los 15 relatos: Los muertos. De regreso a Irlanda en 1912, envió el manuscrito al editor Grant Richards,que lo aceptó, aunque exigió cambios. Los impresores, por su parte, encontraron ofensivas expresiones como: “Ella cambió repetidamente la posición de sus piernas”. Joyce se negó a alterar nada aclarando que su estilo era “de una escrupulosa vulgaridad”. El libro se publicó finalmente en 1914, pero su “peculiar aroma de corrupción no fue nada rentable: sólo se vendieron 499 ejemplares el primer año. Medio siglo más tarde, Guillermo Cabrera Infante llevó a cabo una de las traducciones clásicas de esta obra al castellano. Ahora, el escritor cubano ha revisado su traducción para publicarla en esta colección.



Título original
The Dead 
Año
1987
Duración
81 min.
País
 Reino Unido
Director
John Huston
Guión
Tony Huston (Relato: James Joyce)
Música
Alex North
Fotografía
Fred Murphy
Reparto
Anjelica Huston, Donald McCann, Helena Carroll, Cathleen Delany, Ingrid Craigie, Rachel Dowling, Dan O'Herlihy, Marie Kean, Donald Donnelly, Colm Meaney
Productora
Coproducción Reino Unido-Irlanda-Estados Unidos; Channel 4 / Delta Film / Liffey Films / Vestron Pictures / Zenith Entertainment
Género
Drama |  Años 1900 
Sinopsis
El día de la Epifanía de 1904 está a punto de empezar una de las fiestas más concurridas de Dublín, la de las señoritas Morkan. Entre los invitados se encuentra Gabriel Conroy, sobrino de las anfitrionas y marido de la hermosa Gretta. Esa noche, los invitados disfrutan de una magnífica velada. Gabriel, muy enamorado de su esposa, observa su emoción cuando suena una antigua canción de amor. De vuelta a casa, Gretta le confiesa un secreto: aquella canción le ha traído a la memoria el recuerdo de un amor de juventud, que se vio truncado por la muerte del amado. (FILMAFFINITY)


Podcast sobre la película Dublineses (The Dead) de John Huston, en el programa Videodrome (Radio3, RTVE)


domingo, 10 de enero de 2010

Libro: El mágico mundo de los celtas

El mágico mundo de los celtas, de Viviana Campos (Grijalbo, 2003).

Introducción
No es la primera vez en la historia que se despierta un generalizado interés por los pueblos primitivos. Hace unos años, toda la atención se centraba en las culturas orientales, tan lejanas y misteriosas. Hoy, en los inicios del siglo XXI, el misterio se acercó a Occidente, y el interés pasa ahora tanto por los mayas como por los celtas o los protogermanos. ¿Por qué se dan estas oleadas?

En su ansia de una vida mejor, el hombre actual trata de encontrar en los pueblos primitivos la clave para lograrla. No existen panaceas ni sociedades perfectas; ya nadie abona el mito del buen salvaje ni idealiza la rusticidad como si fuera la pureza original. Pero si algo de positivo podemos encontrarles a estas cíclicas miradas retrospectivas, es que de alguna manera vamos ampliando nuestro horizonte cultural. En este sentido, lo que el conocimiento de algunos rasgos de la cultura celta puede aportarnos es su ilimitada capacidad para la ilusión. Debemos saber, ante todo, que estamos en presencia de un pueblo esencialmente guerrero, y como tal, de una muy corta expectativa de vida. Aunque creían en la reencarnación, esa constante cercanía de la muerte, esa conciencia de la finitud de ése su cuerpo, les inspiró un apasionado amor por la vida. En consecuencia, crearon una cultura que, permanentemente, le escamoteó su espacio a la muerte. Los celtas crearon su propia eternidad. A través de sus leyendas, sus finales trágicos, sus héroes, sus hadas y sus duendes, concibieron un universo con un fluir constante de vitalidad. Mucho se confunde hoy a la cultura celta con el mundo inventado por Tolkien y su saga de El señor de los anillos. Tolkien se basó más que nada en el folklore escandinavo, con el cual los celtas comparten algunas creencias, como con todos los pueblos primitivos de Europa. En cuanto a esta conexión, bueno es aclarar que en un momento toda Europa fue celta, exactamente durante su primera expansión.

Hoy su ámbito de influencia cultural, como se verá, está bien delimitado. La atracción por ese mundo mágico ha sido abonada desde siempre. Los irlandeses nunca dejaron de considerarse celtas. Los monasterios fueron los encargados de rastrear y guardar la herencia de sus antepasados. Los monjes, laboriosamente, en silencio, fueron acopiando aquel sustrato que hacía más a su cultura ancestral que a la religión que profesaban y representaban. Y ese legado es riquísimo. Todas las leyendas celtas se basan en seres reales, que vivieron entre los siglos III y IV después de Cristo. El manuscrito en gaélico más importante que conocemos data del siglo XII, y es a su vez una copia de otros del siglo VIII después de Cristo. Si bien los monjes eran copistas por tradición, existían además en Irlanda escuelas laicas de copistas. En cuanto a la forma, las leyendas más antiguas se han encontrado en verso; las más cercanas alternan el verso y la prosa, en la mayoría de los casos.

El riquísimo folklore irlandés impregnó las obras de W. B. Yeats, G.B. Shaw, Jean R Wilde, Oscar Wilde, James Joyce, entre otros. A través de ellos, recreadas, enriquecidas, recibimos una imagen vivida de las antiguas leyendas que le dieron vida a ese imaginario.

¿Quiénes fueron los celtas?
Los aficionados al estudio de culturas antiguas no encontrarán aquí fechas precisas, datos cronológicos incontrastables, tablas que registren dinastías o cosas similares. Sí, obviamente, haremos alguna alusión a fechas probables. Pero los celtas en general tenían prohibido dejar registro escrito de sus vidas y hechos. No constituyeron un pueblo de espontáneo legado testimonial para el futuro. Los datos ciertos nos llegan a través de Roma. Y aquí lo de cierto presupone que esos datos llegan influidos por de la mirada romana.

¿Quiénes fueron entonces los celtas?
Avanzando en movimientos de espiral, apartando la bruma de los mitos y leyendas y al mismo tiempo dejándonos atrapar por su hechizo, trataremos de dilucidarlo en las páginas que siguen. Sepa el lector que dejaremos de lado todo presupuesto de la historiografía. Para acercarse a los celtas, hay que hacerlo en movimientos de espiral y no en pasos sucesivos. Y tal vez debamos acercarnos por el lado de la magia. Si bien el mundo mágico atrajo siempre a eruditos y profanos, hoy existe una confusión por la cual se cree que es un orbe restringido a ciertos seres, elegidos vaya a saber por quién. Los celtas jamás creerían esto. Su mundo mágico, aún hoy y desde siempre, tiene las puertas abiertas para quien quiera conocerlo. Sólo hay que saber buscarlo. Sobre todo si se quiere responder a esa secular pregunta: ¿Quiénes fueron los celtas?

miércoles, 6 de enero de 2010

Libro: Cuentos de Hadas Celtas

Cuentos de hadas celtas, 
gnomos, elfos y otras criaturas mágicas
Selección y traducción de Roberto Rosaspini Reynolds
(Ediciones Continente, Argentina)

Introducción
El término "hada" deriva del latín fatum, término que define al destino. El vocablo se transformó posteriormente en el francés fée, del que nacen las palabras inglesas fey y fairy, y que en español dio origen al adjetivo feérico, poco difundido, que alude a todo lo "relativo a las hadas". El vocablo anglosajón fairy (hada), como así también muchas de sus traducciones a otros idiomas, tiene un significado mucho más amplio que su traducción hispana, ya que involucra a todos los seres elementales, masculinos o femeninos, que componen la familia de la "gente pequeña" o, como también se la conoce, "gente menuda", "buena gente", "vecinos olvidados" y muchos otros nombres. En esta ocasión, sin embargo, para unificar criterios respecto de los géneros gramaticales, hemos decidido utilizar el término "hada" para las entidades femeninas (sirenas, elfinas, brujas, ondinas, banshees, etc.), y "elfo" para las masculinas (duendes, gnomos, murrughach, silfos, pookhas y demás).

Ya Shakespeare, en su inolvidable Sueño de una noche de verano, separó las hadas de los elfos; las primeras mantienen en forma constante una apariencia humana, aunque pueden desplazarse por el aire —con alas o sin ellas—, y su tamaño suele variar entre unos pocos centímetros hasta la estatura humana o más; los elfos, por su parte, están divididos en varias especies. Sin embargo, existe una característica invariable para toda la "gente pequeña": no son ni malos ni buenos; son criaturas extrañas, con principios éticos y valores (si pueden llamarse así) diferentes de los de los seres humanos, y pueden o no aceptarnos en su círculo. Poseen un poder mágico incomprensible para los hombres; son el poder y la inspiración, pero no piensan ni sienten como los humanos, y eso los hace encantadores algunas veces, y nefastos al minuto siguiente.

Otro de los inconvenientes que se presentan en la recopilación de estas leyendas antiguas, es la gran diversidad de versiones que existen de cada una de ellas. Como ejemplo podemos mencionar "Las hadas de Knockgrafton", de la cual existen versiones tituladas "Los duendes de Knockgrafton", en la que las hadas son reemplazadas por gnomos, e incluso hay una interpretación mejicana, donde las gibas de Lushmore y de Jack Madden han sido sustituidas por monedas de oro.

Pero estas divergencias dan lugar a una cuestión aún más preocupante: si en pocas décadas las leyendas se han modificado tanto, ¿cómo serían las leyendas originales, y cuáles fueron las innovaciones introducidas en más de diez siglos de transmitirse oralmente de generación en generación? Y aún hay otro punto importante a tener en cuenta: los principales recopiladores de las leyendas irlandesas y galesas del medioevo fueron clérigos cristianos y fhillids —bardos y druidas convertidos en monjes católicos—, cuya función primordial era neutralizar y desmembrar el sistema religioso pagano de los pueblos celtas.

Para obviar estas diferencias, en esta selección hemos incorporado, salvo raras excepciones, cuentos recopilados previamente por el poeta irlandés William Butler Yeats; entre las excepciones podemos mencionar "Koomara, el murrughach" y "El gaitero y el leprechaun", rescatados del olvido por Joseph Jacobs; "La larga vida de Ossyan", una antigua leyenda celta incluida en el ciclo literario de Finn McCumhall, o Ciclo Fenniano, y "Los duendes de Cova da Serpe", un relato del folklore gallego, originario de la región de La Coruña, antiguamente parte de la Bretaña Armoricana habitada por los celtas ibéricos. Es preciso aclarar también que, dada la diversidad de las fuentes disponibles, las traducciones se han adaptado para mantener un estilo homogéneo pero conservando, dentro de lo posible, aquel en que fueron narradas y posteriormente recopiladas.

Respecto del contenido de este libro, hemos incluido en él cuentos y leyendas protagonizados por distintos tipos de hadas y elfos, en un intento de mostrar las costumbres más características de cada uno de ellos en sus relaciones con los seres humanos.

Entre los protagonistas integrantes de la "gente pequeña" se incluyeron seres bonachones y queribles, como "Koomara, el murrughach" y el sith de "La bella Janet y el príncipe sith"; otros de humor variable, como "Las hadas de Knockgrafton" y "Elidor y los elfos de St. Davis", algunos decididamente malos, como "Los duendes de Cova da Serpe" y "El hijo del rey de Erín y el rey de los silfos" y, finalmente, algún elemental, víctima de la maldad de los seres humanos, como "La trucha blanca de Lough Feaagh". Completan esta selección "El pookah de Offaly", un gnomo servicial transformado en asno; "Guilla na brâkon an gour y la princesa triste", un cuento extraído de una recopilación de Thomas Crofton Crocker del año 1825, y "Cormac McArt en el reino de la magia", que narra un episodio de la vida de este gran rey de Erín.

Para finalizar este prólogo, queremos aclarar que nuestro único y humilde propósito al realizar esta selección de relatos, de autores desconocidos y hace ya siglos desaparecidos, ha sido que el lector pueda disfrutar de ellos, y no encontrarse frente a un sesudo estudio antropológico-literario. En esta ocasión, al menos, nos negamos terminantemente a analizar las estructuras sintácticas y otros componentes de los cuentos, como si estudiáramos el cráneo de un hombre de Neanderthal; los mágicos relatos de la "gente pequeña" deben ser saboreados, no disecados.

Y por esa razón, no emplearemos ninguna de las nuevas técnicas de la imagen, sino la parcializada visión de los niños y los soñadores, a los que no les preocupa demasiado el futuro. Tampoco utilizamos grandes bases de datos institucionales, sino el amor de poetas como Yeats y Jacobs por las tradiciones de sus tierras
natales.

Para ello, reflotemos nuestros más vividos recuerdos de la infancia, y recitemos una vez más la frase inolvidable:

HABÍA UNA VEZ...