Más allá de la niebla esmeralda
Un viaje a los "Otros Mundos" celtas
y el secreto de Mag Mor
La mitología celta, y muy especialmente la irlandesa, no concibe la realidad como un único bloque sólido. Para los antiguos celtas, nuestro mundo cotidiano estaba rodeado, penetrado y superpuesto por "Otros Mundos". No se trataba necesariamente de un "cielo" o un "infierno" en el sentido cristiano, lugares de recompensa o castigo póstumo. Eran, más bien, planos de existencia paralelos, dimensiones alternativas donde las leyes del tiempo y la física se curvaban, donde la belleza era eterna y la magia, la norma.
A estos lugares se accedía a través de la niebla, cruzando el mar hacia el oeste, o adentrándose en los antiguos túmulos funerarios. La frontera era delgada, un velo liminal que los héroes, los bardos y a veces los incautos, lograban cruzar.
Un mapa de lo invisible: Las mil caras del paraíso
La tradición irlandesa es increíblemente rica en nombres para designar estos reinos. Cada nombre nos muestra una faceta diferente de este "Más Allá", reflejando los anhelos y temores de la sociedad que los imaginó.
Quizás el más conocido sea el Sidhe (pronunciado "shi"), esas colinas huecas o montículos féericos donde se retiraron los Tuatha Dé Danann, los antiguos dioses, tras ser derrotados por los humanos. También nos suena Avalon (la Isla de las Manzanas), el refugio artúrico de sanación eterna.
Pero los antiguos textos irlandeses (los immrama o cuentos de viajes maravillosos) nos ofrecen una geografía fantástica mucho más amplia:
Tir na nOg: La "Tierra de la Juventud", quizás la más famosa, donde el tiempo se detiene y nadie envejece ni enferma.
Mag Mell: La "Llanura Floreada" o "Llanura del Placer", un lugar de eterna primavera y deleite sensorial.
Tir n'Aill: Simplemente, la "Otra Tierra", enfatizando su naturaleza ajena a la nuestra.
Tir na mBan: La "Tierra de las Mujeres", islas habitadas exclusivamente por mujeres hermosas y poderosas.
Tir Tairngiri: La "Tierra de la Promesa", un lugar de abundancia profetizada.
Tir fa Tonn: La "Tierra bajo las Olas", reinos submarinos de palacios de cristal.
Hy Breasil: La "Isla de los Benditos", una isla fantasma en el Atlántico que solo aparece cada siete años.
Sin embargo, entre todos estos nombres evocadores, existe uno que resuena con una fuerza particular por su curiosa conexión geográfica con nuestro propio mundo: Mag Mor.
Mag Mor: Cuando España era el "Otro Mundo"
Mag Mor se traduce como "La Gran Llanura". Es un nombre que sugiere inmensidad, un espacio abierto y vasto más allá del horizonte conocido. En varios textos medievales irlandeses, este concepto mítico de la Gran Llanura se identifica sorprendente y explícitamente con España.
¿Por qué España? ¿Cómo llegó la península ibérica a convertirse en sinónimo de un plano de existencia mítico para los antiguos irlandeses?
La respuesta se encuentra en el Lebor Gabála Érenn (El Libro de las Invasiones), el texto pseudohistórico que narra las sucesivas colonizaciones míticas de Irlanda. Según esta leyenda, los últimos conquistadores de Irlanda, los ancestros de los gaélicos actuales, fueron los Hijos de Míl Espáine (el Soldado de España).
La leyenda cuenta que estos milesianos habitaban en la región de Brigantia (asociada con la actual Betanzos o A Coruña, en Galicia). Su líder, Breogán, construyó una torre tan alta —a menudo identificada con la Torre de Hércules— que, en una noche clara de solsticio, su hijo Íth pudo divisar una costa verde y distante al norte: Irlanda.
Desde la perspectiva de un irlandés de la antigüedad, España no era solo un país vecino. Era el extremo sur de Europa, una tierra distante, cálida y vasta, separada por un mar traicionero (el Golfo de Vizcaya y el Mar Celta).
En la cosmovisión celta, Mag Mor representa esa España mítica. No es solo un lugar geográfico, sino un "lugar de origen" ancestral y un "allende" físico. Es la tierra desde donde llegaron los padres fundadores, navegando desde el borde del mundo conocido hacia su destino insular.
Identificar España con Mag Mor convertía a la península en un umbral. Era la última frontera de la realidad continental antes de dar el salto hacia la isla sagrada de Irlanda. Así, la "Gran Llanura" española se fusiona con la mitología, convirtiéndose en un espacio liminal, una dimensión desde la cual la historia y la leyenda desembarcaron en las costas esmeralda.